domingo 25 de octubre de 2009

Adultescentes

Para los que ya hemos cambiado a la versión 3.0, para los que están a punto de hacerlo o para los que quieran entender a esa generación, aquí dejo un excelente reportaje de El País.

"La generación 'peter pan' está hipotecada"

Vale.

lunes 19 de octubre de 2009

Nunca es tarde si la dicha es buena


Otra vez recurro al refranero para unirme a una interesante iniciativa impulsada desde un interesante blog cultural y reclamar desde esta humilde morada un poco más de atención y respeto a la ciencia. España necesita un nuevo modelo económico y la investigación puede y debe ser uno de sus puntales. Dejemos a un lado nuestra obsesión por los resultados rápidos y tengamos también en cuenta el medio plazo.
Vale.

miércoles 14 de octubre de 2009

Intolerancia

Anoche fui al cine a ver Ágora. Mi Grace tenía unas invitaciones para la sala VIP y decidimos sentirnos especiales. Bar exclusivo a la entrada, posición privilegiada, asientos más espaciosos, etc. Pero no es oro todo lo que reluce y a las primeras de cambio me di cuenta de que la sala VIP no es más que una sala de cine en pequeño, con alguna ventaja más, pero con muchas de sus desventajas. Había tres parejas más. Sólo se salvaba el ex futbolista Miquel Soler (con quien estuve charlando antes de entrar a la sala) y su mujer; el resto, era para echarles de comer aparte. El tipo que tenía más próximo se dedicó toda la película a comer como un puerco y frotarse con su novia. Y en la otra pareja, sentada delante de ellos, alguien roncaba estentóreamente. Una excelente coyuntura para disfrutar de una película. El problema es que no es nueva, sino más bien frecuente, especialmente cuando es una película de gusto mayoritario. Sin ir más lejos, recientemente sufrimos durante Malditos bastardos numerosos comentarios de ínfimo nivel y, además, en alto. Será que me vuelto un clasista o intolerante del cine, pero cada vez me cuesta más acercarme a la sala para ver según qué películas y según a qué horas. Desde hace tiempo prefiero las sesiones de madrugada o si me apuras de primera hora de la tarde, y dejar que los estrenos se desgasten en la cartelera para encontrarme lo más solo posible en la sala.

Vale.

martes 13 de octubre de 2009

Receta contra horizontes miopes

En tiempos de horizontes miopes, conviene agarrarse a los pequeños detalles para seguir el camino. Tres amigos, una mañana soleada y una sarta de raquetazos mal dados dejaron el mejor poso posible. El último baño furtivo en el mar (¿es o no es un privilegio poder improvisar una visita contra las olas un 12 de octubre?) y una cerveza en una terraza a sol y sombra remataron la faena con una estocada en todo lo alto. El mejor remedio normalmente es bastante simple.

Vale.

viernes 9 de octubre de 2009

No hay mal que por bien no venga

Dicen que hombre refranero vale por dos y yo lo soy, aunque no sé si atesoro valor doble. En todo caso, tengo claro que no hay mal que por bien no venga porque incluso de los peores momentos pueden extraerse sonrisas. De hecho, un fin de semana gris marengo es capaz de dejar un buen sabor de boca. No voy a engañar a nadie: no fue bueno. Perder a alguien que quieres y ver sufrir a los tuyos es uno de los peores trances en los que se puede encontrar una persona. Pero la vida camina y uno trata de quedarse con lo bueno: los recuerdos, las ilusiones y también las realidades. Y en ese momento, mi realidad era que estábamos todos juntos y que, pese al trágico motivo de la reunión, todo marchaba tan bien como siempre entre nosotros. No creo que pueda hacer un mejor balance. Estoy seguro de que mi abuela habría firmado una despedida como ésta. El próximo encuentro, eso sí, debe tener una mejor excusa. De eso me encargo yo.

Vale.

sábado 3 de octubre de 2009

Hoy más que nunca, el Ebro guarda silencio

Estas cosas se piensan ahora, pero no miento cuando digo que esta mañana algo dentro de mí me decía que nunca volvería a ver a mi abuela. Hace apenas un par de horas el presagio se ha hecho realidad de tal manera que simplemente he tenido la certeza de que desgraciadamente había acertado. Ni siquiera ha habido sorpresa o sobresalto. Supongo que ayuda notablemente la súbita decandencia que le arrebató la cabeza y dejó al corazón combatiendo en solitario. Aun así, es una sensación tremendamente rara saber que cuando vuelva a entrar en su habitación ya no estará postrada en la cama aguardando unas palabras de cariño para seguir rabiando contra un destino hecho realidad. Mi abuela ya no está, pero es que hace tiempo que, en cierta medida, no era mi abuela. No es una cuestión física, es la cabeza, la maldita cabeza que nos hace lo que somos y lo que hemos sido. Y cuando se nos va, lo que queda es solamente el previo del polvo en el que nos convertiremos. Por eso mi abuela ya no estaba desde hace tiempo, pero se queda conmigo en decenas de recuerdos que durarán lo que dure mi cabeza. Cada vez que descoloque los flecos de una alfombra, cada vez que escuche una canción mexicana, cada vez que coma croquetas de bacalao, cada vez que baile... Ellos sí que se van a quedar para siempre.

Aurora, hoy más que nunca, el Ebro guarda silencio.