lunes 15 de diciembre de 2008

Me quedo con mi Navidad

Estoy a punto de cumplir los 30 y todavía me gusta la Navidad, aunque cada año que pasa entiendo mejor a quienes prefieren que pase rápido. Las Navidades son fiestas basadas en el reencuentro y los recuerdos, así que si falta alguien a la mesa o el pasado trae fantasmas, el turrón se vuelve agrio. Sin embargo, yo prefiero buscarle el positivo sabor añejo y quedarme con los pequeños detalles, aunque se vayan difuminando cada año. Me quedo con el regreso a casa, como en el anuncio de El Almendro, marcado por el frío y el olor a las castañas. Me quedo con el soniquete de la Lotería de Navidad, que marca oficialmente el inicio de las Fiestas. Me quedo con la Nochebuena en casa de mis abuelos y con la visita a la bodega junto a mi abuelo Atanasio y mi padre para probar los carrales de vino del año junto con un poco de bacalao ahumado y unos almendrucos tostados (el año pasado ya no lo hicimos y mi abuela tampoco cantó, porque ya no está para muchos trotes, pero a mí lo bueno no se me olvida). Me quedo con la Copa de Europa de cerveza que nos bebemos cada años, desde hace unos cuantos, los de la peña El Puyazo para empezar la fiesta, aunque luego no haya nadie por la calle. ¡Y eso qué importa! Me quedo con la Nochevieja en Mallorca, rodeado de buenos amigos y, sobre todo, junto a mi Grace. Me quedo con el vals de Doctor Zhivago o la música de Cinema Paradiso para el anuncio de la Lotería (el spot de este año no me gusta nada). Me quedo con los villancicos de Parchís y las muñecas de Famosa que nunca se tropezaron en su camino hacia el portal. Me quedo con la cara de ilusión de los niños cuando ven a los Reyes Magos. Me quedo con tantas cosas... Antiguas y nuevas, pero todas son buenas. Me quedo con mi Navidad. Que no me la toquen.

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