Estábamos acostumbrados al intrusismo, pero esto no lo esperábamos:
Un periodista de diez años cubre los Juegos de Invierno...
Vale.
lunes 22 de febrero de 2010
domingo 21 de febrero de 2010
Pensamiento de domingo
La memoria puede y debe ser selectiva porque nunca hay que olvidar que no todo lo que nos ocupa tiene la misma importancia. Y si la memoria falla, el corazón debe hacerle recordar, aunque a veces ambos se despisten.
Vale.
Vale.
sábado 20 de febrero de 2010
Vueltas de tuerca para el recuerdo
Todo el mundo lo sabía... menos yo. Cuando bajé al portal, yo creía que me esperaban unas cervezas con un buen amigo y una mañana de compras en el magnífico Mercado del Olivar, donde siempre disfruto como un niño. Sin embargo, allí aparecieron otros tres amigos para hacerme entender que no cargaría ninguna bolsa con fruta, verdura y pescado. En ese momento, yo creía que habría un largo día de bares y chanza... hasta la tuerca volvió a girar.
Después de unas rondas, recibí una mochila donde escondían mi destino a corto plazo. Me enfundé la camiseta del Pucela y entré en el aeropuerto de Palma. Aquello se complicaba. "Sólo haré una pregunta: ¿Debo preocuparme por el trabajo?", dije. "Está todo controlado", me contestaron. Problemas desconectados. Me taparon los ojos con una bufanda y me 'ensordaron' durante unos minutos con el i-pod. Bailé, saludé al resto de pasajeros y me senté en una butaca voladora. Sólo supe que estaba en Londres cuando aterrizamos. Otra vuelta de tuerca. Vaya tela.
La capital del imperio británico me brindó un hotel inspirado en las cárceles filipinas, un 'variado' libanés, unas sabrosas pintas y una excelente noticia (¿verdad Canterano?). "Vámonos a descansar, que mañana será un día largo", insistieron. Y tanto. No podía imaginarme la siguiente vuelta de tuerca. Una pseudofalda escocesa y un polo de rugby de Gales me la descubrieron a la mañana siguiente. Unas horas después, estaba en Cardiff, disfrutando del partido más emocionante de la Historia del Seis Naciones (y la frase no es mía). Fue una jornada memorable: el ambiente, las risas y la huella que un gesto como este fin de semana deja para siempre. Gracias.
Vale.
Después de unas rondas, recibí una mochila donde escondían mi destino a corto plazo. Me enfundé la camiseta del Pucela y entré en el aeropuerto de Palma. Aquello se complicaba. "Sólo haré una pregunta: ¿Debo preocuparme por el trabajo?", dije. "Está todo controlado", me contestaron. Problemas desconectados. Me taparon los ojos con una bufanda y me 'ensordaron' durante unos minutos con el i-pod. Bailé, saludé al resto de pasajeros y me senté en una butaca voladora. Sólo supe que estaba en Londres cuando aterrizamos. Otra vuelta de tuerca. Vaya tela.
La capital del imperio británico me brindó un hotel inspirado en las cárceles filipinas, un 'variado' libanés, unas sabrosas pintas y una excelente noticia (¿verdad Canterano?). "Vámonos a descansar, que mañana será un día largo", insistieron. Y tanto. No podía imaginarme la siguiente vuelta de tuerca. Una pseudofalda escocesa y un polo de rugby de Gales me la descubrieron a la mañana siguiente. Unas horas después, estaba en Cardiff, disfrutando del partido más emocionante de la Historia del Seis Naciones (y la frase no es mía). Fue una jornada memorable: el ambiente, las risas y la huella que un gesto como este fin de semana deja para siempre. Gracias.
Vale.
viernes 12 de febrero de 2010
Los ciclotímicos críticos de cine
Resulta curiosa la profesión de crítico de cine. Son gente capaz de utilizar una notable cultura cinematográfica de forma ciclotímica. Por un lado, pueden hacer maravillas que te enganchan al séptimo arte, como las piezas temáticas de Días de Cine. Y por el otro, da la impresión de que, a veces, generan sus textos después de navegar por una humareda espesa y blanquecina. Hace poco he experimentado esta última sensación después de soportar La cinta blanca y leer, posteriormente, los análisis de varios críticos. Donde yo vi una película aburridísima e increíblemente pretenciosa, ellos encontraron una obra maestra que, dicen, solamente los necios rechazan. Sucede como con algunas obras de arte contemporáneo, donde los "expertos" descubren cosas que ha querido transmitir el autor... o eso al menos creen ellos. En el caso de La cinta blanca, muchos críticos consideran que explica perfectamente el germen del nazismo. Y yo me pregunto: el director podría haber situado la película en la Alemania de 1860 en vez de en los años previos a la I Guerra Mundial; no habría había muchas diferencias en el fondo de la historia, así que ¿qué dirían los críticos entonces? Pero claro, enganchar la película con el nazismo da mucho juego... aunque el propio director lo desmienta. Quizá sea la mejor manera de promocionarla en Estados Unidos, donde dicen que es la favorita para ganar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa después de haber ganado la Palma de oro en Cannes. Yo, desde luego, prefiero que triunfe El secreto de sus ojos.
Vale.
Vale.
sábado 23 de enero de 2010
Esquivando un debate interno
Hace ya tiempo escribí una entrada similar a ésta horas antes de un partido entre los mismos rivales. Espero que no tenga que obcecarme de nuevo con gesto serio a última hora de la noche. Aunque lo cierto es que en los tiempos que corren cuesta mantener el optimismo. ¡Unos tan arriba y otros tan abajo! No me extraña que mi padre haya mezclado razón y corazón en la quiniela... para cabreo de mi madre, que apuesta sin duda por el 1. Yo, para ahorrarme el debate interno, decidí no echar quiniela esta semana. Así evito la pequeña traición de alegrarme, aunque sea un poco, con una posible derrota de mi equipo. Todo apunta a que caeremos... pero anda que si ganamos...
Vale.
P. D. A cualquiera que me conozca o que haya leído las entradas futboleras de esta bitácora le habrá quedado claro que aunque nos metan 14 yo mañana tendré la barbilla más alta y el corazón más blanquivioleta.
Vale.
P. D. A cualquiera que me conozca o que haya leído las entradas futboleras de esta bitácora le habrá quedado claro que aunque nos metan 14 yo mañana tendré la barbilla más alta y el corazón más blanquivioleta.
viernes 22 de enero de 2010
Perro come perro
Vaya artículo escribe Jacobo G. García en elmundo.es; una buena (y poco habitual) ración de autocrítica gremial. A veces el perro come perro.
Vale.
Vale.
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