sábado, 2 de junio de 2012

Diez años después


Estimados y queridos vecinos de Esguevillas,

Hace diez años, os contaba cómo me quedé helado cuando mi padre me llamó por teléfono una noche para decirme que fuera preparando el pregón para las fiestas de Esguevillas. Una década después, la noticia llegó de boca de mi madre, pero la sensación fue la misma. ¿Qué hago yo dando un pregón… otra vez? Ha pasado mucho tiempo y han pasado muchas cosas. La mayoría son buenas noticias. Cambié Madrid por Palma de Mallorca, abandoné mi mocedad y uní mi camino a la persona más maravillosa que conocieron los tiempos. Pero también las hubo malas porque hoy, aquí y ahora, tengo que mirar hacia el cielo para acodarme de seres queridos que antes de tenía a escasos kilómetros por carretera. Hace diez años era un chaval que no tenía ni idea de nada, saludando a un político que inauguraba una obra en la plaza. Y ahora soy un adulto, a punto de cumplir la edad de Cristo, que ha aprendido muchas cosas pero sigue sin tener ni idea de nada.
Al menos esta vez, como os decía, la noticia llegó a través del genuino enganche con Esguevillas, mi madre. A ella le debo el contacto inicial con este pueblo que siempre ha sido mío sin serlo porque así me lo habéis hecho sentir todos vosotros. Por eso, antes de nada, quería agradeceros todo el cariño que habéis regalado, no sólo a mí, sino especialmente a los míos. A mi madre, porque sé que carga las pilas cada vez que el coche enfila la carretera del Valle. A mi padre, que pasea su bigote como Pedro por su casa. También Mayte, mi mujer, que desde el primer momento descubrió que es una más en este pueblo. Y cómo no, a mis abuelos, Atanasio y Aurora, que certificaron que, al igual que los bilbaínos, los de Esguevillas nacen donde quieren.
Aprovechándome este cariño recibido, me gustaría pediros un favor. A todos, pero sobre todo a los más jóvenes. Mantened vivo este pueblo. Dad la oportunidad a otros de contar lo mismo que yo dentro de diez, veinte y cien años. Sería la mejor noticia para todos. Adaptaos a los cambios y a las nuevas situaciones, pero no perdáis la esencia ni dejéis que la llama se apague. El pueblo en sí no existe, le dan vida y sentido quienes viven en él, quienes lo sienten, quienes arriman el hombro por su presente y por su futuro porque están unidos por un pasado en común. Por eso, aprovechándome de vuestra confianza, quiero pediros que, como en una melé de rugby, empujéis todos al unísono; cada uno con su función, pero percutiendo como un bloque.
Dicho esto, vuelvo mi mirada hacia el pasado. Quizá las circunstancias inciten la melancolía pero sinceramente, no me apetece aferrarme a la saudade. Reírme con el pasado para sonreírle al futuro. Ésa es la idea. Aunque a veces cueste. O incluso duela. Porque ahora sé que nunca probaré las ratas de agua del Esgueva o que nunca probaré leche frita como aquélla. Mis abuelos ya no están y el agujero que dejan es profundo, pero afortunadamente me quedan los recuerdos. Y sí, soy selectivo, porque me quedo sólo con los buenos. Permitidme abusar otra vez de vuestra confianza y daros un consejo: haced lo mismo. Con estos tiempos, una de las pocas cosas que no nos pueden quitar o cobrar es el disfrute de nuestros recuerdos. Y yo, repito, me quedo con los buenos. Hace diez años os enumeré muchas de esas anécdotas y sensaciones del pasado. Hoy dejadme que no dé nombres. Vosotros ya sabéis a quiénes tengo en la cabeza.

Decía mi admirado Miguel Delibes que, una novela es un hombre, un paisaje y una pasión. Pues bien. En mi modesto relato el paisaje es éste y mi pasión sois vosotros.

Muchas gracias a todos y felices fiestas.

jueves, 24 de mayo de 2012

La calidad cuesta dinero

Dicen que el papel está herido de muerte. Seguramente tienen razón. Dicen que hay que apostar por Internet. Y seguramente tienen razón. El problema es seguir ganando dinero con el cambio de formato. No sólo basta con poner el papel en la pantalla y cobrar menos. No, amigos. En la Red está casi todo. Y casi todo es gratis. Por eso, si queremos sobrevivir, hay que diferenciarse de tal manera que haya (suficiente) gente con el deseo de pagar por lo que le ofrecemos. En definitiva, debemos presentar calidad y diferencia. Sin embargo, para conseguirlo optan por recortar, exprimir y apretar clavijas equivocadas. Seguramente no tienen razón. Mal que me pese. Porque la calidad cuesta dinero.

jueves, 26 de abril de 2012

La bolsa o la vida

Últimamente cuesta ponerse a escribir. Al menos en un blog como éste, voluntario, privado y sentimental. Las únicas ideas que vienen a la cabeza tienen un toque oscuro y deprimente. Y cuando llegan buenas, porque las hay y más de las que nos pensamos, uno no piensa en escribir. Piensa en exprimirlas y disfrutarlas. Así están las cosas en estos tiempos de borrascas permanentes y horizontes miopes. Decía el otro día Eduardo Mendoza que vivimos una mala época porque antes, los ladrones te dejaban escoger entre la bolsa y la vida, y ahora debemos proteger las dos. Tiene toda la razón. Pero aviso: no me quitarán ni una ni otra. Y como mínimo, la segunda me pertenece y la uso como quiero.

Vale.

lunes, 16 de abril de 2012

domingo, 8 de abril de 2012

El gran poder del pequeño

"Bastaba levantar la mirada y dirigirla a la más remota curva del Fondo Norte para encontrarlos. Con sus camisetas naranja, sus cánticos continuos, estruendosos, ininteligibles, enternecedores. La alegría con la que se les veía disfrutar del momento, en el campo del gigante de los gigantes, ahítos de orgullo por ver a sus jugadores, al equipo más modesto que jamás olió cuartos en la máxima competición, batiéndose el cobre mano a mano con algunos de los mejores jugadores del mundo. Irguiéndose como un solo hombre, en máxima tensión, mientras Manduca encaraba a Casillas, y celebrando el golazo con la felicidad más pura que pueda procurar el fútbol. Un corriente de simpatía inundó el estadio en honor a esos tipos que en aquel momento estaban ganando su Liga de Campeones, o tal vez incluso algo más precioso: la historia que revivirán y contarán mil veces hasta que les llegue su hora.

Es difícil encontrar una alegoría más clara de lo grande que es el fútbol. Da igual que hayamos perdido el partido de ida por 0-3 y que lo más probable es que en el de vuelta nos caiga una goleada. Lo mismo me da que en el viaje se me vaya el sueldo de medio mes, que Madrid esté a tres mil kilómetros de mi casa, que me esperen doce horas de viaje o que me espere un infierno el jueves tratando de aguantar despierto en la oficina. Son mis colores, es mi gente, es mi equipo, han llegado donde nadie creía que pudiesen hacerlo, y ahora que la realidad se ha impuesto al sueño, no vamos a dejarlos solos, ni a permitir que puedan confundir el viaje más deseado con una visita al matadero. Iremos con ellos, sufriremos la derrota, y les haremos saber que nadie nunca va a olvidarlos. Ni en Nicosia, ni en Chipre, ni en Europa".

Ramón Flores, La mancha naranja. Completo en Diarios de Fútbol.

Vale.

viernes, 6 de abril de 2012

Un año

Pasa el tiempo y ya hace un año. Pasa el tiempo y justamente ahora recibo las fotos de la bodega. Ay, si las viese mi abuelo. Y sé que las ve, y que nos pide que lo disfrutemos. A tu salud.

Vale.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Lisboa é muito boa

Hacía tiempo que una canción no me estremecía tanto. Será que tengo unos días melosos, con veneno de fado.